La política tiene una mala costumbre, se burla de quienes creen que pueden adivinarla demasiado temprano.
Antes de que una campaña arranque de verdad, abundan los favoritos, las encuestas, los padrinos, los que se sienten elegidos y hasta los que comienzan a repartir puestos sin haber puesto un voto. Después llega la campaña, se mueve la opinión y más de uno termina viendo los toros desde la barrera.
Por eso, esta medición sobre la Alcaldía de Valledupar no sirve para coronar a nadie. Falta demasiado camino y un 26 % todavía no sabe o no responde. Lo que sí permite es tomarle una fotografía al momento político y esa foto deja varias cosas interesantes.
La primera tiene nombre propio, Kaleb Villalobos.
Con un 12 %, Villalobos aparece encabezando la intención de voto entre los nombres medidos. El dato llama particularmente la atención porque detrás suyo está Carlos Felipe Quintero, con 8 %, pese a que los Quintero cuentan con una estructura política mucho más reconocible y curtida en las elecciones locales.
Ahí está precisamente lo interesante.
Kaleb no aparece respaldado por una de esas grandes casas electorales acostumbradas a mover concejales, líderes y estructuras. Sin embargo, hoy logra ponerse cuatro puntos por encima de Carlos Felipe. Eso no lo convierte en alcalde ni mucho menos, pero sí obliga a mirarlo con otros ojos: hay algo de su nombre que está caminando por fuera de las estructuras tradicionales.
Y en política eso vale.
Más atrás aparece un dato que tampoco debería despreciarse Miguel Morales marca 7 %. Está empatado con José Mario Barriga y Poncho Campo. Morales conserva un reconocimiento que lo mantiene vivo dentro de la conversación electoral y, en un escenario tan fragmentado, siete puntos no son precisamente para botarlos a la basura.
El problema más serio aparece cuando uno mira hacia los sectores cercanos al actual poder municipal.
La encuesta deja un contexto bastante incómodo para cualquier candidatura que pretenda cargar sobre los hombros la continuidad de Ernesto Orozco. El 63 % de los encuestados desaprueba su gestión y apenas el 26 % la aprueba. Más delicado todavía, cuando se pregunta si la gente votaría por un candidato de Ernesto Orozco, 57 % responde que no y solamente 22 % considera que sí.
Eso convierte el respaldo del alcalde en una espada de doble filo, puede aportar estructura, burocracia y dirigentes, pero electoralmente también puede venir con una factura debajo del brazo.
Y algunos nombres parecen estar sintiendo ese ambiente.
Elmer Jiménez marca 3 % y Javier Martínez apenas 1 %. Sandra Cujia también aparece con 3 %. Son cifras todavía demasiado pequeñas para saber hasta dónde pueden crecer, pero suficientes para advertir que la cercanía con estructuras políticas conocidas no está produciendo, por ahora, una estampida electoral.
El que medio saca la cabeza en ese universo es José Mario Barriga, con 7 %.
Barriga tiene estructura, recorrido y años dentro del equipo de Ape Cuello. Eso explica parte de su capacidad para mantenerse en la conversación. Pero ahí mismo puede estar su problema: carga una mochila política que también genera resistencias. Después de tantos años alrededor del mismo sector, venderse como renovación no será precisamente una tarea fácil. En política los padrinos ayudan a subir la escalera, pero a veces también pesan cuando toca correr.
En ese sentido aparece otro dato curioso, Alfredo Saade marca 4 %.
Saade intenta abrirse espacio desde una orilla asociada al petrismo, en una ciudad donde ese sector tiene electorado, pero donde convertir una identidad política nacional en votos locales nunca ha sido automático. Cuatro puntos no representan una hazaña, pero tampoco permiten sacarlo de la conversación.
Lo verdaderamente revelador de esta encuesta no es entonces quién será alcalde.
Es que hoy nadie puede decir seriamente que tiene la Alcaldía de Valledupar en el bolsillo.
Kaleb arranca mejor posicionado entre los nombres medidos, Carlos Felipe tiene estructura pero comienza por debajo, Miguel Morales sigue respirando, José Mario conserva una base, Saade intenta construir desde otra orilla y varios nombres cercanos a los sectores tradicionales tendrán que demostrar que las fotografías, reuniones y padrinazgos todavía se convierten en votos.
Y falta el jugador más grande de todos: ese 26 % que no sabe o no responde.
Ese número es más del doble de lo que tiene hoy el primero.
Así que cuidado con sacar champaña.
En Valledupar todavía falta campaña, faltan alianzas, faltan candidatos que seguramente aparecerán, faltan traiciones, porque esto sigue siendo política y falta saber quién tendrá la capacidad de convertir reconocimiento en emoción y emoción en votos.
Por ahora, Kaleb puede sonreír.
Pero cantar victoria sería otra cosa.
Porque si algo enseña la política es que una cosa es salir primero en la foto y otra muy distinta llegar primero a la meta.
