Al contrario se le gana con argumentos, con votos o con trabajo, pero nunca bajándole la dignidad. Esa regla la acaba de pisotear Carlos Barbosa, y de paso les pasó por encima a todas las mujeres que hacen política en el Cesar.
Cielo Gnecco Cerchar lleva décadas en la política del departamento. Ha tenido aliados fieles y críticos duros, triunfos grandes y golpes que habrían sacado del juego a cualquiera, y sigue de pie. Donde llega Cielo se nota la organización y la disciplina, su éxito es fruto de ello. Ese lugar no se lo ganó con lisonjas, sino con trabajo de territorio y un carácter que no se arruga. Por eso hasta quienes nunca votarían por ella le reconocen el peso; es un símbolo de la política cesarense.
Del otro lado está Barbosa, integrante de la UTL de la representante del Pacto Histórico Alexandra Pineda, un activista que ha querido hacerse un nombre a punta de escándalo y conteo de likes. Esta vez se le fue la mano. Montó una pieza con el rostro de Cielo Gnecco y una de las groserías más vulgares del repertorio colombiano, apenas disfrazada con un número, junto a una botella en llamas y la consigna «¡Gnecco nunca más!». Todo con su logo personal, como quien ya va ensayando campaña.
La contradicción pica. Barbosa se llena la boca hablando de defensa de la vida y de derechos humanos, pero no le importaron los derechos de una mujer de carne y hueso, la estigmatizó y la condenó en público. No es la primera vez que se pasa de la raya; en campaña, periodistas que cubrían un evento de la izquierda en el departamento lo señalaron de agredirlos, hay videos. Defender la vida en el discurso y atropellar a la gente en la práctica no es progresismo, es incoherencia con megáfono.
En vez de rectificar, le echó más leña al fogón. Ahora vende su pieza como protesta y se escuda en Heriberto de la Calle, el personaje de Jaime Garzón, para decir que el departamento se escandaliza por una grosería y no por lo que él llama los robos de un clan. Mal escogido el padrino: Garzón incomodó al poder con inteligencia y humor, sin rebajar nunca a una mujer. Aquí nadie le quita el derecho a criticar. Si tiene pruebas, que las lleve a la Fiscalía. Los señalamientos serios se sostienen con expedientes, no pisoteando la dignidad de una mujer que ha servido al Cesar.
La reacción unió a quienes casi nunca se juntan, líderes de izquierda y de derecha coincidieron en que esa línea no se cruza. Ojo el asunto ya está en la Fiscalía, con una denuncia por presunta injuria agravada presentada como violencia contra la mujer, política baja y ruin. Mientras tanto, la representante Alexandra Pineda no ha dicho ni mu. ¿Va a guardar silencio mientras alguien de su propio equipo ataca la dignidad de una mujer? ¿Sera un mandado?
En política se vale ganar, perder y criticar. Lo que no se vale es insultar a una mujer para conseguir seguidores.
